18 Inerte

La sala blanca realmente no alentaba una confesión en toda regla, pero era algo que tenía que sacarse de dentro.

Empezó despacio, cuidando donde pisaba, midiendo las palabras y, a medida que el otro asentía, se lanzó. Soltó todo.

Para Raysa.
Felicidades.
  1. Avellaneda |

    Ayer estuve a punto de ponerte un comentario en el anterior cuento porque hacía mucho más de 15 días de su publicación, pero ya he visto que has vuelto! ¿las vacaciones muy duras? :)

    Pobre paquito, la guerra que da. Aunque este tipo de muertecitos tiene la suerte de las pastillitas azules, eh? Pensé que eran dos amantes y que tras una juerga impresionante y mucho mambo uno de ellos se quedó frio pero no…bueno si, en el fondo son dos amantes ;-)

    Un beso y bien por tu “vuelta”!

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