06 De blancos conejos estresados

El conejo blanco no para de mirar el reloj en su PDA donde tiene apuntadas las tareas para el día, lo que hace que la chistera se le ladee hacia delante y tenga que apartarla con la mano.

No para de gritar por el pinganillo que une su cuerpo a la PDA de la que, al parecer, obtiene la energía que le permite dar saltos entre los árboles del parque.

Un parque céntrico en el que Alicia, simpática ejecutiva agresiva, morena, treintaypocos y nunca tan delgada como quisiera, solía ir a correr todos los sábados.

Para que estresarse¿Qué hacía un conejo blanco en su recorrido semanal? Además hoy es sábado, no hay que ir al trabajo. ¿A qué reunión podrá ir?

Disimuladamente Alicia comenzó a seguir al conejo blanco, nunca se sabe donde puede surgir una oportunidad.

Dejó de escuchar música en su móvil-agenda, del que obtiene la energía a través de un cable terminado en dos pequeños cascos y que le permite correr persiguiendo al conejo blanco y lo puso en modo grabadora para ir anotando el recorrido que ya estaba siendo registrado gracias al GPS que incorporaba.

Al entrar en el hueco del árbol, Alicia pierde de vista al conejo blanco. Está oscuro y su GPS no funciona. Tampoco parece que haya cobertura.

¡Por ahí!

Los ojos de Alicia ya se han acostumbrado a la penumbra. No es que esté totalmente oscuro, pero si algo más sombrío que fuera del tronco del árbol.

Hay un pequeño descampado en el que parece que todo está preparado para una reunión. Mesas con botellas de agua mineral y caramelos en el centro y un proyector con un ordenador portátil cerca.

Al parecer la reunión ha terminado hace un buen rato (efectivamente, el conejo blanco llega muy tarde). Por ahí llega dando saltos, sudoroso y con la chistera de medio lado.

El conejo blanco se quita el pinganillo, la chistera y el chaleco en la mesa y de un brinco se mete en la cazuela que hay entre las mesas, en el centro del descampado.

Un cazo con agua, puerros, zanahorias, alguna patata, un buen puñado de albahaca, un generoso chorrito de aceite de oliva virgen y sal.

Un cazo con agua, encima de una cocina de inducción que el Sombrerero Loco maneja con soltura.

Alicia se dio la vuelta algo sorprendida. No sabía que fuera tan tarde y a ella también le estaba entrando algo de hambre.

  1. Avellaneda |

    No entiendo como no entra más gente en este huequito que tienes en tu árbol… este relato es genial!! yo consigo energía muchas veces de mi mp3? mp4? bueno, lo que sea! A él estoy conectada por las mañanas siguiendo a el conejo blanco de las narices para llegar a mi trabajo…
    Ahora estoy siguiendo al de la rutina del pueblecillo ese que tan bien conoces pero oyes, que también tiene su aquel eh?

    Buen relato corto, el conejo no tenía mejor destino que la cazuela… ummmmm!
    bss

  2. rokaya |

    ola soy rokaya una niña de 10 años no m agustado el kkuento por k es de gilipollas asi de klaro

  3. Sergio |

    Esto… gracias Rokaya por tus ánimos y eso.
    Me permito traducir tu SMS a castellano:
    “Hola, soy Rokaya, una niña de 10 años. No me ha gustado el cuento porque es de gilipollas. Así de claro.”

    Espero que los otros cuentos no te hayan parecido tan de gilipollas. Cuando los escribo no pienso en que vayan dirigidos a niñas de 10 años, pero seguro que hay alguno que te puede gustar… siquiera un poquito.

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